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Síndrome de Fatiga Crónica

Síndrome de Fatiga Crónica

El síndrome de fatiga crónica (SFC), también conocido como encefalomielitis miálgica, es un diagnóstico relativamente moderno (definido formalmente en las últimas décadas del siglo XX). Por ello, no hay un registro histórico específico de uso de cannabis para “fatiga crónica” como tal. Sin embargo, el cannabis sí tiene un largo historial en el tratamiento tradicional de síntomas que hoy asociamos al SFC. Por ejemplo, en la medicina herbal antigua se empleaba el cáñamo para mejorar el sueño y aliviar dolores musculares – síntomas prominentes en SFC – y existen referencias a su uso como tónico general. En la China milenaria, el cannabis (má-fen) se utilizaba para “fortalecer” el cuerpo y tratar el reumatismo, lo cual podría haberse aplicado a cuadros de agotamiento prolongado. A finales del siglo XIX, en Occidente, el cannabis formaba parte de las farmacopeas para tratar la “neurastenia” (un término de la época que abarcaba fatiga extrema y debilidad nerviosa); los médicos victorianos recetaban tinturas de Cannabis indica para mejorar el ánimo y estimular el apetito en pacientes debilitados. Si bien estos usos históricos no se dirigían al SFC como entidad clínica actual, sí sientan un precedente de la utilización empírica del cannabis para aliviar fatiga, insomnio y dolores – elementos centrales del síndrome. Con la prohibición del cannabis en el siglo XX, su rol quedó relegado, pero en años recientes pacientes con SFC han recurrido de nuevo al cannabis buscando mitigar sus síntomas, reavivando así una conexión histórica entre esta planta y los estados de agotamiento crónico.

EFICACIA: No existen ensayos clínicos de gran escala sobre cannabis en SFC, pero abundan reportes anecdóticos y algunos datos indirectos que sugieren beneficios sintomáticos. Muchos pacientes con fatiga crónica que han probado cannabis medicinal reportan mejoras en síntomas como el dolor musculoesquelético, los trastornos del sueño y la ansiedad/depresión asociada, lo cual en conjunto mejora su calidad de vida. Datos observacionales del Realm of Caring (un registro de pacientes) indican que quienes usan cannabinoides tienden a presentar menores niveles de depresión, mejor calidad de sueño y menos dolor en comparación con pacientes que no usan cannabis. En concreto, algunos individuos experimentan reducción de los “achaques” pos-esfuerzo (malestar extremo tras actividades leves) usando microdosis de cannabis para relajarse y dormir mejor, aunque esto es variable. Respecto al síntoma cardinal de fatiga, la evidencia es mixta: si bien el cannabis suele asociarse a sedación, ciertas variedades ricas en THC con terpenos estimulantes (p. ej., limoneno) podrían proporcionar un ligero aumento de energía o motivación en algunos pacientes, ayudándoles a sobrellevar las tareas diarias. En un estudio encuesta de 2022, más del 50% de los pacientes con SFC que usaban cannabinoides informaron algún grado de alivio en síntomas como insomnio, dolor y “niebla mental”, aunque no es una cura y la fatiga profunda persistía en muchos casos (el cannabis permitió manejar mejor los síntomas secundarios). También se ha observado que el uso de CBD a dosis altas puede mejorar la ansiedad y estabilizar el estado de ánimo en SFC, contribuyendo indirectamente a sentir menos cansancio mental. Vale destacar que el cannabis no parece mejorar directamente la causa subyacente del SFC (que se cree relacionada con disfunción inmunológica y neurológica), pero sí puede aliviar síntomas: por ejemplo, como analgésico antiinflamatorio disminuye dolores articulares y de garganta; como inductor del sueño mejora el descanso nocturno (reduciendo la sensación de fatiga diurna). En resumen, la efectividad del cannabis en SFC reside en el manejo sintomático: numerosos pacientes reportan que les “hace la vida más llevadera” al controlar insomnio, dolor y ansiedad, aunque la fatiga central del síndrome puede persistir. Se necesitan estudios clínicos para confirmar estos efectos, pero la evidencia anecdótica y las propiedades farmacológicas del cannabis apuntan a un rol paliativo valioso en SFC.

MECANISMO: El SFC es un trastorno complejo en el que se han implicado alteraciones inmunológicas, estrés oxidativo y desregulación neuroendocrina. Los cannabinoides podrían influir positivamente en varios de estos frentes. En primer lugar, el cannabis posee propiedades antiinflamatorias y antioxidantes: tanto el THC como el CBD modulan la liberación de citocinas proinflamatorias y reducen la activación glial en el sistema nervioso. Esto es relevante porque una hipótesis del SFC postula una neuroinflamación crónica de bajo grado que contribuye a la fatiga y disfunción cognitiva. Al actuar sobre los receptores CB2 del sistema inmunitario, los cannabinoides pueden amortiguar la respuesta inflamatoria sistémica, potencialmente aliviando síntomas como dolores musculares, ganglios sensibles y malestar general. Asimismo, el cannabis interactúa con el Sistema Endocannabinoide (SEC), que participa en la regulación del metabolismo energético, el sueño y la percepción del dolor – funciones alteradas en SFC. Por ejemplo, la anandamida (un endocannabinoide) contribuye a mantener la homeostasis energética; niveles insuficientes podrían relacionarse con fatiga. El CBD, al inhibir la degradación de anandamida, podría ayudar a restaurar equilibrio en estas vías. Además, el SEC conecta el eje intestino-cerebro: el cannabis puede influir en la microbiota intestinal y en la modulación del nervio vago, lo cual es interesante dado que muchos pacientes con SFC tienen síntomas gastrointestinales y teorías recientes sugieren una conexión entre flora intestinal y fatiga crónica. Por otro lado, a nivel neurológico, el THC activa receptores CB1 en el cerebro, lo que induce liberación de dopamina y endorfinas, produciendo cierta elevación del estado de ánimo y disminución de la percepción de fatiga temporalmente. Esto puede “enmascarar” la sensación de agotamiento, brindando una ventana de mejoría sintomática. Finalmente, el cannabis regula el ciclo sueño-vigilia: el CBD en dosis moderadas es ansiolítico (reduce hiperalerta) y en dosis altas puede prolongar la duración del sueño reparador, mientras que el THC acorta la latencia del sueño. Mejorar el sueño nocturno ataca uno de los mecanismos perpetuadores de la fatiga. En suma, el cannabis actúa en múltiples dianas relevantes para SFC: modula la inflamación y estrés oxidativo, reequilibra el SEC (posible “deficiencia endocannabinoide clínica” implicada en fibromialgia/IBS/SFC), mejora la calidad de sueño y aporta leves efectos euforizantes que mitigan la sensación de cansancio. Esta acción multimodal explica por qué muchos síntomas del SFC pueden aliviarse con cannabinoides, aunque la patología base no se elimine.

DOSIS: Al no haber lineamientos oficiales, la dosificación en SFC debe individualizarse, empezando con cantidades bajas. Se recomienda iniciar con un producto de CBD predominante (por su perfil no intoxicante) durante el día, y añadir algo de THC por la noche para el sueño si es necesario. Una pauta orientativa podría ser: comenzar con aceite de CBD 5 mg sublingual dos veces al día e ir aumentando cada 3-4 días en incrementos de 5–10 mg hasta notar efectos (muchos pacientes encuentran beneficio en el rango de 20–100 mg diarios de CBD). El CBD alivia ansiedad, inflamación y mejora la calidad de sueño REM sin sedación excesiva, por lo que es útil para uso diurno en SFC. Si la fatiga diurna es muy marcada, algunos pacientes microdosifican variedades sativa con bajo THC para intentar un efecto energizante leve; por ejemplo, 1–2 inhalaciones de un vaporizador con 2-3% THC (aprox. 2–3 mg THC) en la mañana. Esto debe hacerse con precaución, ya que el THC en dosis altas puede agravar la somnolencia. Para la noche, suele emplearse un producto con algo más de THC (por su efecto inductor del sueño). Una dosis común es 2.5–5 mg de THC oral (por ejemplo en tintura o cápsula) 1 hora antes de acostarse, eventualmente subiendo a 10 mg si se tolera, combinada con unos 10–20 mg de CBD para balancear. Esta combinación ha ayudado a pacientes a conciliar y mantener el sueño, resultando en menos fatiga al despertar. En cuanto al manejo del dolor, algunos introducen microdosis extra de THC durante el día (ej. 2.5 mg a medio día) en jornadas muy sintomáticas, aunque deben monitorizar que no aumente la somnolencia. Es crucial llevar un registro diario de dosis, horarios y síntomas en SFC, dado que la respuesta puede variar día a día y entre individuos. Muchos profesionales sugieren un enfoque “por capas”: CBD constante como base antiinflamatoria/ansiolítica, y añadir THC solo según necesidad y tolerancia. En general, las dosis efectivas en SFC tienden a ser moderadas; dosis excesivas de THC pueden inducir el efecto contrario (letargo, síndrome amotivacional). Un dato interesante es que algunos pacientes reportan efectos beneficiosos con THCV (un cannabinoide menos común con propiedades energizantes en bajas dosis) o con microdosis de variedades sativa ricas en terpenos estimulantes (pineno, limoneno) para la fatiga cognitiva. No obstante, la investigación es incipiente. Por tanto, la dosificación en SFC es un proceso de prueba y ajuste, idealmente guiado por un especialista, buscando maximizar alivio sintomático sin inducir sedación ni efectos adversos.

MÉTODOS DE CONSUMO: Los pacientes con SFC utilizan distintos métodos de administración del cannabis según sus necesidades y estilo de vida. Aceites sublinguales o cápsulas son populares para lograr una liberación más sostenida: al tomarlos por vía oral, los efectos duran más (4–8 horas) y permiten mantener un nivel constante de cannabinoides en el organismo. Por ejemplo, un paciente podría tomar unas gotas de tintura de CBD en la mañana y tarde para controlar dolor e inflamación durante el día, y una cápsula con THC/CBD en la noche para dormir. Las cápsulas o comestibles además proporcionan dosis pre-medidas (consistencia), útil en un régimen diario fijo. Por otro lado, la inhalación (ya sea fumar o vaporizar) se emplea cuando se necesita un alivio inmediato o puntual: muchos con SFC sufren “picos” de síntomas tras actividad (fenómeno de malestar post-esfuerzo) y recurren a unas inhalaciones de vaporizador justo cuando aparecen dolor intenso o náuseas, obteniendo alivio en minutos. El vaporizar se prefiere a fumar por ser más seguro para los pulmones, pero algunos pacientes fuman tradicionalmente cannabis en dosis pequeñas para un efecto rápido. Una ventaja de la inhalación es que el paciente puede autotitular la dosis deteniéndose en cuanto sienta alivio, evitando sobreconsumo. Otra opción para síntomas localizados son los tópicos (p.ej., cremas con CBD/THC) que se aplican en músculos o articulaciones doloridas; aunque la absorción sistémica es baja, muchos refieren que reduce dolores superficiales y espasmos sin efectos centrales. Asimismo, debido a que no todos los SFC son iguales, se puede personalizar la selección de cepas: pacientes con predominio de fatiga diurna pueden elegir variedades sativa o híbridas con terpenos que promueven alerta (limoneno, pineno) para el día, mientras que quienes tienen más problemas de sueño optan por índicas ricas en mirceno y linalool en la noche para favorecer la relajación profunda. Algunos dividen su provisión: un cartucho de vape sativo suave para las mañanas y tintura índica para la noche, por ejemplo. En general, combinar métodos suele ser la estrategia ganadora en SFC: diferentes formulaciones en distintos momentos del día (p.ej., microdosis inhaladas antes de una actividad vs. dosis orales mantenidas) permiten abordar la naturaleza fluctuante del síndrome. Siempre se debe tener en cuenta la posibilidad de síndrome de hiperemesis cannabinoide con uso crónico (vómitos cíclicos), aunque es poco frecuente y se asocia a consumos muy elevados; y evaluar interacciones con otros medicamentos que el paciente tome. Bajo supervisión adecuada, los métodos de administración se escogen según la necesidad inmediata de alivio, la duración requerida del efecto y la tolerabilidad individual, brindando así un abordaje flexible para los múltiples síntomas del SFC. Visita: https://www.drherbis.com para ver Alivios de Cannabis recomendados.

Referencias

Realm of Caring Foundation (2022). Chronic Fatigue Syndrome & Cannabinoid Therapy. Realm of Caring Blog.

Lucarini, A., Raffner Basson, A., et al. (2025). Inflammatory bowel disease patients believe cannabis and cannabidiol oil relieve symptoms (incluye datos aplicables a SFC en dolor y fatiga). Academic Medicine (San Francisco).

Teitelbaum, J. (2020). Cannabis as a Treatment for Chronic Fatigue Syndrome. Journal of Clinical Medicine, 9(2), 420. (Discusión teórica del SEC en SFC y fibromialgia).

Feigenbaum, A., & Curry, J. (2021). Enhancing the Endocannabinoid System in ME/CFS. Healthcare, 9(5), 515. (Revisión sobre deficiencia endocannabinoide en fatiga crónica).

Apollo Cannabis Clinics (2025). Medical Cannabis for Chronic Fatigue Syndrome. Apollo Clinical Education Series. (Guía para pacientes con SFC: síntomas y abordaje con cannabis).

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