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Síndrome de Piernas Inquietas

Síndrome de Piernas Inquietas

El síndrome de piernas inquietas (SPI), caracterizado por sensaciones desagradables en las extremidades inferiores y urgencia de moverlas en reposo, fue descrito clínicamente por primera vez en el siglo XVII (Thomas Willis) y formalmente nombrado en 1945. Tradicionalmente se trató con opio, benzodiacepinas o dopaminérgicos, y no hay referencias históricas específicas al uso de cannabis para SPI en la literatura médica antigua. Sin embargo, dado que el cannabis se empleaba empíricamente para inducir relajación y mejorar el sueño – y que el SPI provoca insomnio severo – es plausible que algunas personas lo usaran por su cuenta. De hecho, existían “remedios caseros” en el siglo XIX para el insomnio que incluían tintura de cannabis, lo que indirectamente pudo beneficiar a quienes padecían movimientos nocturnos involuntarios de piernas. No fue sino hasta el siglo XXI cuando se empezó a investigar esta conexión de manera formal. En 2017, médicos franceses reportaron por primera vez una pequeña serie de pacientes con SPI refractario que encontraron alivio completo de sus síntomas al consumir cannabis. Este informe marcó el inicio de la consideración del cannabis como posible terapia en SPI. A partir de allí, se han publicado algunas cartas al editor y estudios observacionales (por ejemplo, en 2020 otro informe amplió la evidencia a más pacientes), todos indicando mejoras dramáticas. Así, aunque no haya un “uso tradicional” establecido, en la última década el cannabis pasó de ser ignorado a posicionarse como un tratamiento experimental prometedor para el SPI resistente, basándose en las experiencias exitosas de unos cuantos pacientes documentadas en la literatura médica reciente.

EFICACIA: Si bien la investigación es limitada, los casos publicados sugieren que el cannabis puede ser extraordinariamente efectivo en ciertos pacientes con síndrome de piernas inquietas severo y refractario. En la primera serie de 6 pacientes (SPI de difícil manejo) reportada en 2017, todos refirieron una remisión completa de los síntomas tras el consumo de cannabis. Estos pacientes habían probado múltiples medicamentos (dopaminérgicos, anticonvulsivos, opioides) sin éxito, y espontáneamente informaron que, al fumar marihuana ocasionalmente, sus sensaciones de inquietud en las piernas desaparecían por completo y podían dormir bien toda la noche. Un paciente del grupo utilizó aceite sublingual de CBD en lugar de fumar y también logró alivio total, lo que indica que incluso preparaciones sin THC podrían ayudar. En 2020, un segundo informe confirmó y amplió estos hallazgos en más pacientes con SPI: nuevamente se observó mejoría marcada o resolución de los síntomas con cannabis en individuos que no respondían a tratamientos estándar. Además, una encuesta retrospectiva de 41 personas con SPI que usaban cannabis (publicada en 2022) reveló que la gran mayoría sentía que el cannabis aliviaba sus síntomas y mejoraba su calidad de sueño, sin efectos adversos importantes. Cabe mencionar que existen relatos clínicos de reducción inmediata de las sensaciones de intranquilidad: pacientes describen que tras unas caladas de cannabis, la molestia y el impulso de mover las piernas cesan en cuestión de minutos, permitiéndoles conciliar el sueño normalmente. En general, aunque faltan ensayos controlados, la evidencia anecdótica recogida hasta ahora es muy positiva y consistente: el cannabis –especialmente con THC– parece controlar de manera notable el SPI en muchos casos resistentes. Incluso sociedades de pacientes (como la Restless Legs Foundation) se han hecho eco de estos hallazgos, destacando que el cannabis medicinal podría ser una opción válida cuando los medicamentos convencionales fallan. Por supuesto, se necesitan estudios formales para establecer el porcentaje de respuesta y dosis óptimas, pero la efectividad observada en casos individuales es llamativa, con remisiones completas o mejoría significativa del SPI nocturno. Esto se traduce en mejora del sueño y de la vida diurna (menos fatiga, mejor ánimo) para estos pacientes. En resumen, aunque basado principalmente en casos y pequeñas series, el cannabis ha mostrado un potencial terapéutico sobresaliente en SPI refractario, justificando ensayos clínicos para confirmar y generalizar estos beneficios.

MECANISMO: El mecanismo por el cual el cannabis alivia el síndrome de piernas inquietas no se conoce totalmente, pero se pueden inferir algunas acciones. El SPI se vincula a una disfunción en la neurotransmisión dopaminérgica y a hiperexcitabilidad sensitivo-motora a nivel espinal. Los cannabinoides podrían actuar modulando estas vías: el THC activa receptores CB1 en el sistema nervioso central, lo que inhibe la liberación excesiva de neurotransmisores excitadores. Esto ayudaría a reducir esas señales aberrantes que causan las sensaciones de inquietud en las piernas. Además, se ha propuesto que el SEC (sistema endocannabinoide) interactúa con el sistema dopaminérgico; dado que en SPI hay una alteración de la dopamina similar a la de la enfermedad de Parkinson, el cannabis podría restablecer un equilibrio neuroquímico. Un artículo de 2020 planteó que el cannabis ejerce un efecto regulador de la vía dopaminérgica mesolímbica, posiblemente corrigiendo la “señal de error” que provoca los síntomas del SPI. Por otro lado, el cannabis es conocido por su efecto antinociceptivo y relajante muscular: al activar receptores CB1 y CB2, disminuye la percepción de dolor o malestar neuropático y produce relajación, lo que podría quitar esas sensaciones desagradables en las extremidades. También mejora el sueño, por lo que rompe el ciclo de insomnio y exacerbación de síntomas. En SPI existe una fuerte componente circadiana; el cannabis administrado en la noche podría recalibrar la excitabilidad neurológica nocturna a través del SEC. Adicionalmente, se ha observado que los endocannabinoides endógenos aumentan durante ciertos estados de estrés o dolor como mecanismo compensatorio – en SPI refractario, los pacientes con el tiempo podrían tener desregulado su SEC intentando contrarrestar las sensaciones de inquietud. El aporte externo de fitocannabinoides (THC/CBD) vendría a reforzar ese sistema y suprimir las señales sensoriales aberrantes. Finalmente, hay que mencionar que los medicamentos dopaminérgicos (como pramipexol) son la terapia estándar para SPI: curiosamente, el cannabis puede influir indirectamente en la transmisión dopaminérgica, ya que la activación de CB1 en ciertas neuronas puede reducir la liberación de GABA y así aumentar algo la dopamina en otros circuitos – un balance complejo que en algunos casos podría aliviar síntomas. Sumando todo, el cannabis parece calmar la hiperactividad neurológica subyacente al SPI mediante efectos combinados: neuromodulación central (vía CB1) que disminuye la excitabilidad de las vías sensoriomotoras, alivio del componente sensitivo doloroso/molesto (efecto analgésico) y mejora del sueño. Este triple mecanismo coincide con la mejoría integral que reportan los pacientes (menos sensaciones desagradables, piernas más quietas y mejor sueño). No obstante, se necesitan más estudios neurofisiológicos para delinear con precisión cómo interactúa el SEC con los circuitos específicos del SPI.

DOSIS: En los pocos reportes disponibles, los pacientes con SPI lograron alivio con dosis relativamente bajas de cannabis, generalmente en consumos nocturnos puntuales. Dado que el SPI típicamente empeora al anochecer y noche, el patrón más común fue usar cannabis sólo antes de acostarse. En la serie de 6 pacientes, cinco de ellos fumaban cannabis de manera ocasional, no necesariamente a diario: unos fumaban solo cuando los síntomas eran intensos (por ejemplo, 1 cigarrillo de cannabis en noches particularmente malas) y aun con esa frecuencia intermitente obtenían 100% de alivio. El sexto paciente usaba aceite sublingual de CBD en dosis moderada (no se detalla en el informe, pero posiblemente del orden de 50–100 mg de CBD) cada noche, logrando también remisión completa de SPI. Esto sugiere que incluso dosis no muy altas pueden ser efectivas. Un paciente refería náuseas si fumaba demasiado, por lo que limitaba la cantidad a unas pocas caladas en los momentos de exacerbación. En informes posteriores, se habla de pacientes que utilizaron alrededor de 1–3 gramos de cannabis por semana – lo que equivale quizá a 0,2–0,5 g por noche – con buenos resultados, indicando una dosis diaria de THC relativamente baja a moderada (dependiendo de la potencia, unos 20–40 mg de THC por noche). En términos prácticos, algunos médicos aconsejan iniciar con una inhalación (aprox. 2–3 mg THC) en la noche y evaluar la respuesta: muchos pacientes no requieren aumentar porque ya con eso duermen tranquilos sin síntomas. Si hiciera falta más, se puede subir a 2–3 inhalaciones (6–10 mg THC). En casos refractarios, podrían considerarse tinturas orales: por ejemplo, THC 5 mg + CBD 5 mg sublingual 1 hora antes de dormir. Hasta el momento, no se han reportado casos de tolerancia o necesidad de escalar la dosis de cannabis en SPI; al contrario, parece que dosis estables mantienen la eficacia en el tiempo, y algunos hasta reducen la frecuencia de uso tras un periodo (quizá debido a efecto prolongado). No existe información publicada sobre dosis máximas, pero dado que el SPI suele controlarse con poco cannabis, se recomienda no exceder dosis que produzcan sedación diurna. Así mismo, si se usa aceite de CBD, muchos sugieren 50–100 mg de CBD por la noche como punto de partida (ya que el CBD por sí solo, aunque menos estudiado, puede contribuir a la mejoría). En síntesis, las dosis efectivas en SPI tienden a ser bajas a moderadas y tomadas únicamente a la hora de dormir. Esto es ventajoso para minimizar cualquier efecto cognitivo diurno. Siempre se aconseja la asesoría médica para determinar la dosis mínima eficaz: se suele empezar con una inhalación o unas gotas de tintura y aumentar gradualmente hasta lograr la desaparición de la molestia nocturna, evitando en lo posible subidas innecesarias dado que el umbral terapéutico en SPI parece ser bajo comparado con otras condiciones.

MÉTODOS DE CONSUMO: El método de consumo preferido en el síndrome de piernas inquietas es aquel que garantice rápido inicio de acción, dado que los síntomas suelen impedir el inicio del sueño de forma aguda. En los casos publicados, casi todos los pacientes optaron por fumar cannabis poco antes de acostarse, aprovechando que los efectos aparecen en minutos. Fumar un porro o usar una pipa/vape pen con cannabis de acción rápida permite que, al momento de ir a la cama, las sensaciones de inquietud se hayan desvanecido. Hoy en día, muchos podrían preferir un vaporizador personal (evitando la combustión) para inhalar discretamente unas caladas; esto consigue la misma rapidez con menos irritantes. Otra vía viable es la sublingual: como un paciente del reporte usó aceite de CBD y obtuvo alivio, se deduce que administrarlo bajo la lengua (oal en spray) unos 20-30 minutos antes de dormir también funcionaría – aunque en ese caso contenía solo CBD, es posible que formulaciones 1:1 THC:CBD sublinguales funcionen aún mejor, combinando la acción ansiolítica del CBD con el efecto anti-tics/inquietud del THC. La desventaja de los comestibles tradicionales (vía gastrointestinal) en este contexto es que tardan más (1–2 horas en hacer efecto), por lo que no son tan prácticos si el objetivo es dormir pronto al acostarse. Sin embargo, algunas personas con SPI crónico podrían tomar una cápsula de aceite de cannabis un par de horas antes de la hora de dormir como estrategia de cobertura nocturna prolongada, complementándola con una inhalación justo al meterse en la cama para cubrir el lapso inicial. En cuanto a productos, los pacientes reportan que variedades índica con alto THC resultan muy útiles (coherente con su efecto sedante muscular). Asimismo, dado que el SPI tiene componentes neuropáticos, productos ricos en terpenos analgésicos como el beta-cariofileno pueden ser beneficiosos. No se documenta el uso de tópicos o parches en SPI – probablemente porque el problema es sistémico, no localizado. La forma fumada/vapeada sigue siendo la más documentada por su inmediatez, pero muchos pacientes medicinales prefieren evitar fumar a largo plazo, de modo que tinturas orales de absorción rápida (bajo la lengua) podrían ser la alternativa óptima. En la práctica, entonces, un régimen frecuente es: vaporizar/fumar 1–2 inhalaciones de flor de cannabis de potencia media-alta justo al aparecer los síntomas en la noche. Si el paciente prefiere no inhalar, puede usar un spray sublingual de cannabis (por ejemplo, 2–3 pulverizaciones, cuyos efectos se sienten en ~15 min). Vale aclarar que, al tratarse de un uso mayoritariamente nocturno, los riesgos de interferir con actividades (manejar, trabajar) son menores. Por último, es importante mencionar la compatibilidad con otros tratamientos: algunos pacientes combinan cannabis con sus fármacos de base (p. ej., siguen con una dosis menor de pramipexol más cannabis), lo cual en informes anecdóticos no generó problemas sino un posible efecto sinérgico. En conclusión, el método inhalado es el más útil para SPI por su rapidez y facilidad de dosificación escalonada, mientras que los métodos orales de acción rápida son una buena alternativa para quienes no quieran inhalar; ambos encaminados a suprimir los síntomas en el preciso momento crítico de ir a dormir, objetivo principal en el manejo del SPI. Visita: https://www.drherbis.com para ver Alivios de Cannabis recomendados.

Referencias

Valderrama, J., & Carneado, J. (2017). Cannabis for Restless Legs Syndrome: A Report of Six Patients. Sleep Medicine, 36, 182-183.

Ghorayeb, I., & Lavigne, B. (2020). More evidence of cannabis efficacy in restless legs syndrome. Sleep & Breathing, 24(1), 277-279.

Megelin, T., & Ghorayeb, I. (2019). Cannabis Use in Severe Restless Legs Syndrome: Clinical Observation. European Neurology, 81(5-6), 304-306. (Carta clínica describiendo mejora significativa con cannabis en SPI).

Psychology Today – Wenk, G. (2020). Cannabis for Restless Leg Syndrome: A potential way to control dopamine dysfunction. Psychology Today Blog.

Weidner, K. (2022). Uso de cannabinoides en el síndrome de piernas inquietas. Neurología Argentina, 14(3), 215-218. (Revisión breve en español sobre casos y fisiología del SPI con cannabis).

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